Historia

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Introducción

En el Mar de Arousa, donde cuenta la tradición que hacia el año 44 d. de c. entró en Galicia el cuerpo del Apóstol Santiago traído por sus discípulos Atanasio y Teodoro, se encuentran las tierras de Boiro, al pie de la mitología de la Sierra del Barbanza.

La etimología del topónimo Boiro divide a especialistas y estudiosos. Quizás la opción más extendida sea la que se le da este nombre una equivalencia a bruma o niebla; otros en cambio creen que puede derivar de “Bouro”, “bo-ouro” buen oro, término que haría referencia a la calidad que este preciado metal tenía por estos lugares en la antigüedad; o de “Budetum” espadañal.

Por último no faltan aquellos investigadores que afirman que el topónimo Boiro tiene un origen histórico, derivada de un prolongado asentamiento o influencia en este litoral de la tribu sueva de los Burios.

Sea como sea, el espacio que hoy conocemos como Boiro está poblado desde tiempos muy remotos, auque no se sabe con exactitud desde cuando.

A continuación haremos un recorrido por la prehistoria e historia de Boiro haciendo la siguiente clasificación:

  • 2 El Neolítico: Megalitismo
  • 3 Edad del cobre y del bronce: Los petroglifos
  • 4 La Edad del Hierro: La Cultura Castrexa.
  • 5 La Antigüedad: El mundo Galaicoromano
  • 6 La Alta Edad Media: Un periodo de oscuridad
 

 

El Neolítico: Megalitismo

Sobre el 8000 a.C. se produce un cambio climático, las temperaturas se vuelven más cálidas, y los grupos de animales retroceden hacia el Norte. Como consecuencia la caza escasea, lo que obliga a cambiar las costumbres: surge el Neolítico.

El Neolítico supone la conversión de una economía de subsistencia (Paleolítico) en una de producción con base ganadera apoyada en el cultivo del cereal. Estas modificaciones en el sistema de producción obligan a un mayor sedentarismo de la población y a ciertas transformaciones sociales.

El establecimiento de la ganadería como base de subsistencia de los grupos neolíticos hizo que se desenvolviese la trashumancia; ésta provoca el desplazamiento puntual de individuos a lo largo del territorio, generándose un importante canal de información y transferencia de conocimientos; ya que en el transcurso de la trashumancia entrarán en contactos frecuentes con distintos grupos sociales, con diferentes culturas, este factor originará la difusión y adaptación de nuevas técnicas; como por ejemplo, el empleo, en el ámbito doméstico, de plantas o agricultura, la fabricación de nuevos utensilios con piedra pulida o el desarrollo de la alfarería.

Una de las innovaciones más interesantes es la alfarería, que permitirá la construcción de recipientes para el almacenamiento y transporte de diferentes productos (agua, semillas, grano, etc.). Además permitirá mejorar la elaboración de productos y alimentos; ya que la alfarería, a diferencia de la cestería o de los odres, se puede exponer al fuego.

Otra de las novedades del Neolítico va a ser la transformación que sufre el culto a los muertos, desenvolviéndose una nueva manifestación cultural: el Megalitismo.

El término Megalitismo procede de las palabras griegas mega (μεγας), grande y lithos (λιθος), piedra. Aunque en sentido literal podemos encontrar construcciones megalíticas en todo el mundo, desde Japón hasta los gigantes de la Isla de Pascua; se denomina Megalitismo al fenómeno cultural localizado en el Mediterráneo occidental y en la Europa atlántica, que se desarrolla desde finales del Neolítico hasta la Edad de Bronce, caracterizado por la realización de construcciones arquitectónicas con grandes bloques de piedras, llamados megalitos.

En el ayuntamiento de Boiro se encuentra una de las concentraciones más significativas de monumentos megalíticos de la Comarca, existiendo escasos paralelos en el resto de Galicia. El Megalitismo es la manifestación cultural más antigua que conocemos en el Barbanza. Cronológicamente, se desarrolla desde mediados del V milenio hasta finales del III milenio antes de Cristo; momento en el que se construyen numerosos túmulos o mámoas en toda la Comarca, destacando por sus características la necrópolis (conjunto tumular) de Chans do Barbanza.

La alta concentración de monumentos funerarios (túmulos, mámoas, sepulcros megalíticos, antas, arcas, casotas, etc.), nos hacen suponer que se trató de un espacio intensamente ocupado y explotado. Estas comunidades van a ser las primeras sociedades productoras; es decir, no van a ser depredadoras (caza, recolección, etc.) como en épocas precedentes.

Estos grupos megalíticos van a practicar una ganadería extensiva, muy parecida a la que podemos apreciar en la actualidad, con animales en régimen de libertad o semilibertad; además se van a poner en cultivo los primeros campos, practicando una agricultura extensiva, modificando el medio en el cual se desenvuelven, con la producción de cereal (trigo y cebada, principalmente) y la recolección de diversos productos (bellotas, avellanas, etc.); al mismo tiempo también practicaban actividades como la caza o la explotación de recursos marítimo- fluviales (pesca y marisqueo).

Dadas las características del sistema de producción, principalmente relacionadas con la agricultura y ganadería extensivas, con la apertura de los campos de cultivo en busca de zonas con alta rentabilidad, se van a ver obligados a cambiar episódicamente de zona, lo que se traduce en asentamientos seminómadas, con la producción de cabañas levantadas con materiales perecederos (hechas con palos, ramas, pieles, etc.) que no han llegado hasta nosotros como tal, pero que podemos rastrear si analizamos las evidencias que dejaron sobre el suelo en forma de agujeros de poste, fosas, zanjas, etc.

Las construcciones funerarias, de las cuales existen numerosas representaciones de las distintas fases del Megalitismo en Chans do Barbanza, son zonas de enterramiento, además de formar parte de espacios delimitadores o de apropiaciones de espacio; es decir, al mismo tiempo que enterraban a sus muertos, las construcciones megalíticas eran identificadores de pertenencia a un grupo social determinado, atribuyéndosele el uso exclusivo del entorno en el cual se asentaba la construcción megalítica.

El Megalitismo es una manifestación cultural que dura entorno a 2000- 2500 años; pero no va a permanecer estable, va a ir evolucionando. Inicialmente, se van a construir grandes cámaras funerarias, con materiales majestuosos debido a sus dimensiones, como por ejemplo Outeiriño Redondo; con posterioridad, se va a construir una infraestructura de acceso o corredor que permita acceder directamente a la cámara funeraria, que dará lugar a túmulos como la Casota do Páramo que sería la primera fase de los túmulos con corredor, para posteriormente aparecer túmulos como la Arca do Barbanza. Ya en la fase final, se van a construir túmulos tipo cistas, en este momento pierden la infraestructura de acceso (corredor) y se convierten en elementos con escasa monumentalidad, que apenas destacan en el paisaje. Una de las explicaciones más plausibles que se ha dado sobre esta última fase del Megalitismo, acerca de la escasa monumentalidad de los elementos, es la que hace referencia a que en este momento las zonas de enterramiento ya no coexisten con las de producción, por lo que el papel de la apropiación del espacio, que se le atribuía a estas manifestaciones culturales, deja de tener importancia; a estas sociedades productoras no les va a interesar apropiarse de una zona degradada o con rendimientos escasos, pero seguirán enterrando como sus ancestros.

Los principales ejemplares que coronan el Barbanza en el Ayuntamiento de Boiro son: Casota do Páramo, Armadoiro, Pedra da Xesta, Cavada Primera y Segunda, Casarota do Fusiño y la citada Arca do Barbanza.

Boiro cuenta con otra de las necrópolis megalíticas más interesantes del Barbanza, nos referimos a la necrópolis de Amañecida (Cespón) que delimita una de las zonas de paso natural entre las Rías Bajas y la península del Barbanza. Está formada por un total de nueve túmulos de impresionantes dimensiones, aunque la mayoría se encuentran en un estado de conservación regular-malo. Fray Martín Sarmiento ya había destacado su hermosura e importancia en su libro Viaje a Galicia.

Casota do páramo

Se ubica en Chans do Barbanza, en el lugar de Graña, parroquia de Cures. Se trata de un dolmen con cámara poligonal y corredor. Formada por siete antas (piedra larga hincada verticalmente en la tierra) y con la losa de cubierta partida. Mide 3,40 m. por 3,50 m. Del corredor únicamente se conserva la cubierta y una de las losas. Su estado de conservación es regular, ya que se encuentra parcialmente destruida.

Casarota do fusiño

Pertenece a la parroquia de Santiago de Lampón. Este dolmen, destruido por el paso del tiempo, principalmente por las actividades furtivas de los buscadores de tesoros y ultrajado por los canteros, se encuentra en el lugar de Outeiro do Curro; topónimo que hace referencia a la celebración en este lugar de curros con caballos del Barbanza.

Se puede descubrir con facilidad su cámara, ya que conserva la configuración original con siete antas, con una planta poligonal pero con tendencia circular. La losa de cubierta se apoya donde comienza el corredor, del que se pueden distinguir dos antas y la cubierta.

Arca do Barbanza

Administrativamente pertenece a la parroquia de Cures. Su localización coincide con el espacio central de a Sierra del Barbanza. Se localiza a los pies del nacimiento del río Barbanza. Su emplazamiento resulta atípico, ya que los creadores de estas arquitecturas buscaban siempre zonas con amplia dominación social, situadas preferentemente en penillanuras en las zonas de cima. Dadas las características morfológicas que presenta, está considerado el monumento megalítico más grande del Barbanza, y posiblemente sea uno de los de mayores dimensiones de Galicia, con 6.60 m. de longitud, de los cuales 3 m. se aprovechan para el corredor. La cámara de forma poligonal, conserva seis antas, aunque falta la de la cabecera. La cubierta se encuentra ligeramente desplazada, y se estima que pesa 7 toneladas. El corredor, de dos tramos y forma triangular, conserva cuatro losas y dos de cubierta; además se puede apreciar restos de coraza del túmulo.

El paso del tiempo dejó su pegada en la construcción funeraria, ya fuesen los aficionados en busca de tesoros, o por mostrarse como el lugar idóneo para albergar madrigueras de alimañas. Las investigaciones arqueológicas han incidido sobre estas manifestaciones, a principios de la década de 1980 cuando jóvenes investigadores de la Universidad de Santiago de Compostela recalan en la Sierra del Barbanza para investigar. Esta actuación llevada a cabo en años sucesivos arrojó mucha luz sobre el Megalitismo del Noroeste peninsular, y en concreto del Megalitismo del Barbanza.

 

 

 

 

La alta Edad del Cobre y del Bronce: Los Petroglifos

Contexto

A finales del III milenio antes del cambio de era, sobre el 2200 a. C. se produce una innovación tecnológica, el descubrimiento de la metalurgia, de la transformación de los minerales y metales. Inicialmente, se comienza dominando las técnicas mineras y metalúrgicas del cobre, para a continuación desenvolver la tecnología del bronce, y posteriormente la del hierro (esta última durante la cultura castreña).

La actividad minero-metalúrgica hará que se intensifiquen las relaciones comerciales y el intercambio económico. Estos hechos se derivan directamente de la demanda mediterránea de materias primas, que redundará en el NW peninsular por su riqueza de yacimientos estanníferos. Debido a causas como la actividad minero-metalúrgica se van a producir cambios socioeconómicos a lo largo del II milenio B. C., ya que determinados grupos se harán con el control de las redes de intercambio metalífero, y por lo tanto comienza una incipiente diferenciación social; debido a este factor será frecuente la existencia de ajuares metálicos formados por elementos de prestigio y ostentación, como son las armas (puñales, puntas de flecha –tipo Palmela- brazales de arquero) o determinados adornos hechos con materiales y técnicas de orfebrería.

La importancia de los metales viene determinada por una mayor eficacia en la producción, ya que se diseñan utensilios que facilitan las labores, como por ejemplo las hachas metalúrgicas. Paulatinamente, se intensifica la producción de recursos, tanto agrarios como pastorales o ganaderos; y la especialización en la elaboración de productos derivados (p. ej. leche) y el empleo de animales como medios de tracción y transporte. Paralelamente, se suceden una serie de cambios en las especies de cultivo (trigo, cebada y productos hortícolas) al verse incrementadas con la presencia de leguminosas, como las habas, la lenteja o los guisantes. En estos momentos se produce un afianzamiento de la economía productora, hecho que contribuirá a un incremento demográfico, y por lo tanto a cierta presión sobre el territorio para la explotación del mismo.

Desde el punto de vista de la ocupación del territorio, estas comunidades van a cambiar las zonas de asentamiento y las áreas de explotación de recursos; ya que hay que tener en cuenta las limitaciones de las zonas ocupadas en la época precedente y que se corresponden con zonas agotadas a raíz del sistema de explotación utilizado (sistema de rozas).

Las zonas de hábitat se desplazan hacia tierras bajas, llanuras y valles; estableciendo el control sobre ciertas áreas estratégicas, como son las zonas de tránsito o portillos, o bien espacios ricos en recursos agropecuarios; además de cierta dependencia o preferencia por zonas con proximidad de recursos de agua.

 El asentamiento se caracteriza por la precariedad constructiva; cabañas levantas con materiales perecederos, sin preocuparse, en general, por aspectos defensivos.

Las evidencias arqueológicas que generaron estas sociedades en la edad de los metales (cobre e bronce) pueden distinguirse en:

  • Espacios domésticos o habitacionales.
  • Manifestaciones rituales, simbólicas u funerarias.

Los espacios domésticos o habitacionales pertenecen a lo que los investigadores definen como arqueología invisible, dadas las características que presenta a nivel constructivo y de acondicionamiento del espacio, sólo es posible identificarla mediante prospecciones intensivas o mediante la remoción de tierras sometidas a controles arqueológicos, como a los que se someten las obras públicas.

Las evidencias estructurales de estas ocupaciones humanas llegan a nosotros mediante agujeros de poste, fosas, zanjas, silos u hogares escavadas en el subsuelo; elementos, muchos de ellos, funcionales. Este tipo constructivo con una arquitecturización que podemos cualificar como precaria, realizada a base de ramas de troncos de vegetación arbustiva o arbórea, sugiere una corta sedentarización de la población, posiblemente relacionada con la explotación de recursos estacionales.

En cuanto a la esfera ritual, simbólica o funeraria podemos diferenciar dos realidades distintas: el ámbito mortuorio y el arte rupestre.

El ámbito mortuorio se caracteriza por reflejar un panorama muy complejo: existe una pervivencia limitada del megalitismo con el empleo ocasional de espacios tumulares; se desenvuelven nuevas estructuras tumulares como las cistas o cairns –estructuras pétreas cavadas en el suelo de pequeñas dimensiones-, construcción de fosas de enterramiento; e incluso la posibilidad de inmersión de cadáveres en el agua que daría lugar al hallazgo de acubillos. En cuanto al tratamiento del cadáver, también parecen coexistir distintos tipos de estrategias, desde la cremación a la inhumación, teniendo en cuenta actividades como la descamación y el desmembramiento de los cadáveres.

Otra de las manifestaciones culturales que desenvuelven estas sociedades, y que ha llegado hasta nuestros días en distintos grados de conservación, es el arte rupestre o los petroglifos.

 

El arte rupestre: los petroglifos en Boiro.

Es otra de las manifestaciones culturales prehistóricas que han dejado huella en las tierras de Boiro, se trata de gravados realizados en la roca al aire libre. Los motivos representados son muy variados, podemos diferenciar entre figurativos o naturalistas, y abstractos o geométricos.

Las representaciones figurativas o naturalistas son aquellas en las que podemos intuir su significado o conocer la realidad que nos tratan de mostrar; es decir, podemos descifrar un ciervo, un antropomorfo- representación humana o divinidades-, una cabra, un caballo, etc. Los abstractos hacen alusión a las realidades que no logramos descifrar con seguridad; las interpretaciones son muy variadas y dependen en gran medida de cada uno de los investigadores que abarquen el tema. Algunas de las explicaciones aportadas inciden en que se trata de representaciones entópticas (resultado del consumo de narcóticos y psicóticos), planos de situación (localización de zonas de pasto o relacionadas con zonas de explotación de estaño), espacios simbólicos o rituales, etc.

La particularidad de este tipo de vestigios arqueológicos hace muy difícil, además de su interpretación, determinar su cronología. Las últimas investigaciones apuestan por una cronología amplia, estableciendo el máximo apogeo de la misma desde el III milenio hasta mediados del II milenio antes del cambio de era, aunque es posible encontrar paradas con anterioridad o también con posterioridad.

Estas manifestaciones artísticas se encuentran en el seno de unas comunidades agro-pastoriles que incorporan innovaciones tecnológicas y agronómicas, lo que les permite una intensificación agrícola y ganadera, que incorporan nuevos utensilios que se podrán utilizar para intensificar la producción agraria y agro-pastoril. En este momentos se produce un afianzamiento de la economía productora, que facilitará el incremento demográfico. Este tipo de cambios van a ir asociados a otros, como una rivalidad intergrupal por la apropiación de los espacios dedicados a la explotación de recursos; esta conflictividad es el resultado de definir derechos exclusivos sobre áreas importantes en recursos (pasto, campos de cultivo de alta rentabilidad, caza, etc.).

Las últimas investigaciones que se han llevado a cabo en la Comarca, ponen de manifiesto que se trata de una de las zonas con mayor presencia de este tipo de manifestaciones. En el caso concreto del ayuntamiento de Boiro, destacan los petroglifos de Cubeliño, próximos al lugar de Quinteiro, en la parroquia de San Vicente de Cespón. En múltiples ocasiones a lo largo de la historia se ha hecho alusión a su presencia, destacando la aportación de Castelao en su estudio sobre las cruces de Galicia.

La piedra gravada se dispone con una cierta inclinación, lo que facilita la comprensión del conjunto representado, haciendo que la roca sea partícipe del paisaje representado, que da la impresión de que se trata del suelo sobre el que deambulan los ciervos.

Otros conjuntos de gravados del arte rupestre son los situados en Vitres, Macenda, Confurco, Agüeiros, o los petroglifos de Chan dos Reis o de Pedra da Bouza, también son destacables los de Bealo, amplio conjunto con múltiples representaciones cerca de la capilla de San Ramón de Bealo.

 

 

La Edad del Hierro: La cultura Castrexa

Contexto

El vestigio más representativo de la edad del Hierro en el NW peninsular es el castro, que hace referencia a un asentamiento fortificado. Hablamos de la edad del Hierro porque es en este momento, entorno a mediados del Iº milenio antes del cambio de era, aproximadamente siglo VI a. C. cuando se va a conocer la técnica de producción de hierro y aparecen los primeros utensilios fabricados en este metal. La edad del Hierro también se conoce como la época protohistórica, que hace referencia a que no nos encontramos plenamente en etapa histórica, ya que la diferencia entre prehistoria e historia es la existencia de documentación escrita; en el momento que existen documentos escritos ya se habla de época histórica: como es sabido, un proceso como la escritura no se hace universal de un día para otro, sino que se origina en un lugar y va extendiéndose.

En el caso de la cultura castrexa, que tiene su máximo exponente en el castro, van a ser sociedades ágrafas- sin escritura- pero nos va a llegar información escrita por referencia de otros pueblos, en este caso del mundo romano, a través de escritores como Estrabón, Plinio, Pomponio Mela, etc., que nos informan de las costumbres de estos pueblos y de su cultura, como es el caso del mundo castrexo.

En estas sociedades la guerra tiene un papel preponderante, de ahí las características del hábitat en los castros, que no es otra cosa que un asentamiento fortificado, con una serie de elementos que facilitan su aislamiento y su defensa. Elementos como parapetos, murallas, fosos, piedras hincadas, cercados, etc. formarán parte del sistema defensivo, a la vez que le conceden gran monumentalidad al asentamiento.

Las sociedades que viven en estos asentamientos tipo castro, van a ser comunidades jerarquizadas; con una dedicación económica muy amplia, explotando todos los biótopos a su disposición, practicarán la ganadería, la agricultura, el marisqueo y la pesca, pero sin abandonar actividades como la recolección (por ejemplo de landras) o la caza. Tendrá un importante papel el comercio, la actividad minera y la metalúrgica.

El NW peninsular cuenta entre sus haberes con una gran riqueza metalífera (principalmente estaño y oro) que será codiciada desde antiguo por los pueblos del Mediterráneo, sirviendo de elementos de intercambio, al mismo tiempo que se exportaban metales, se importaban vinos, aceites, productos suntuarios, etc.

La cultura castrexa en Boiro.

Uno de los yacimientos más emblemáticos de la Edad del Hierro galaico son los Castros de O Neixón, que se encuentran en una pequeña península que desagua en el interior de la ría de Arousa; se trata de la península de O Neixón en la parroquia de San Vicente de Cespón. El conjunto arqueológico está formado por dos castros, el Castro Pequeño (VI-IV a.C.) y el Castro Grande (IV a.C.-III/IV d.C.) que fueron importantes enclaves de intercambio y comercio de mercancías. Destaca entre otras muchas circunstancias, por ser uno de los castros más antigüos (Castro Pequeno) del NW peninsular.

Las investigaciones arqueológicas se iniciaron a mediados de la década de 1920, concretamente en 1925 nada más fundarse el Seminario de Estudios Galegos (1923), recalan en O Neixón Fermín Bouza Brey y Florentino López Cuevillas, ambos pertenecientes a la élite intelectual del momento, e integrados en la prestigiosa “Xeración Nos”. Los resultados de esta intervención arqueológica, que será considerada la primera que se realice de carácter científico en el marco de la cultura castrexa, serán empleados, con posterioridad, para lo que se considera como la primera obra científica de la arqueología gallega <> (López Cuevillas y Bouza Brey, 1929). Este hecho hizo que los Castros de O Neixón fuesen el paradigma, el modelo de la cultura castrexa, que con posterioridad obligará a que gran parte de los investigadores que tratan determinados aspectos del mundo castrexo, vuelvan a excavar O Neixón para confirmar o desmentir las hipótesis de partida. Hoy en día, sigue siendo un yacimiento de obligada referencia en muchas de las publicaciones sobre la Edad del Hierro.

En la actualidad se siguen haciendo intervenciones arqueológicas con fines científicos, asumidos por el Instituto de Estudios Galegos Padre Sarmiento perteneciente al Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC); al mismo tiempo se está ejecutando una puesta en valor del yacimiento, adecuándolo para que sea visitable; y se ha dotado de un centro de interpretación en las inmediaciones: Centro Arqueolóxico do Barbanza “Castros de Neixón”.

Otro yacimiento de interés es el Castro de O Achadizo, que se localiza en una pequeña península sita en el margen septentrional de la ría de Arousa, a una altitud de 5 metros sobre el nivel del mar; en un lugar ocupado, en la actualidad, por el pueblo de Cado da Cruz. Los trabajos de apertura de una nueva calle en 1991, hicieron que saliese a la luz parte de las estructuras habitacionales, así como un importante conjunto de restos materiales.

Existe otra serie de yacimientos castrexos en la zona de Boiro, como son el Castro de Amoureira o el Castro de Goritas, pero sin apenas tradición historiográfica, y que no han sido intervenidos arqueológicamente, salvo las prospecciones pertinentes.

Listado de castros de Boiro:

  • Alto do Castro (Vilariño)
  • O Castriño (Bealo)
  • Castro de Sandrenzo (Agro do Monte)
  • Castro de Cures
  • Castro de Runs
  • Castro de Casos do Barbanza.

 

 

 

La antigüedad: El mundo Galaicorromano

Contexto

Mientras que en la época protohistórica el yacimiento emblemático es el castro, en la época antigua nos centraremos en las infraestructuras que flanquean nuestro territorio, concretamente nos referimos a las vías terrestres, las vías romanas.

Podemos reducir la conquista militar del noroeste peninsular a tres fases: (I) el año 137 a. C. cuando el procónsul Décimo Junio Bruto acomete la conquista militar entre el Tajo y el Duero, sometiendo la zona de Lusitania; (II) en los años

61-60 a. C., Julio César realiza una nueva campaña militar en la que somete a los territorios ubicados desde el noroeste hasta el Golfo Ártabro (rías de Betanzos, Ferrol y A Coruña); (III) entre los años 29-16 a. C. tiene lugar la conquista total del noroeste a manos de Augusto, celebrándolo con la erección de las Aras Sestianas.

Realmente, hay que matizar ciertos aspectos de la conquista militar romana, ya que las fuentes documentales de las que disponemos, exhiben cierto carácter propagandístico, relatan la conquista para realzar las jornadas bélicas de sus patrones. El contacto con el mundo romano, con el mundo mediterráneo es bastante anterior a la conquista bélica, pudiendo incluso retrotraer a la edad del Bronce, momento en el que empieza un intenso intercambio de mercancías. La romanización del noroeste va a ser distinta, de baja intensidad dadas sus características. Se trata de un proceso de aculturación, de asimilación de la cultura romana, que pasará a conocerse históricamente como la época galaico-romana, que hace referencia a esa asimilación de nuevas influencias (creencias, gustos artísticos, modos de vida, hábitat, etc.).

A Roma le interesa el control político y administrativo de Gallaecia (noroeste peninsular) para explotarla económicamente, principalmente por su riqueza mineral, concretamente por el estaño, cobre y oro; y porque se trata de una zona de paso cara a los finisterres atlánticos (el gallego, el bretón, el británico y el irlandés); en definitiva, un enclave primordial para la comunicación vía maris con fachada atlántica y cantábrica.

Para poder controlar política, económica, militar y administrativamente la zona del noroeste peninsular van a desarrollar una serie de infraestructuras que faciliten el acceso a la zona, y las comunicaciones a media y larga distancia; y van a centrar sus esfuerzos en la construcción de grandes obras públicas (vías, puentes, faros, etc.).

Durante la época galaico-romana o Antigüedad el asentamiento de la población se diversifica, se continúa ocupando los castros, se instalan en nuevos enclaves como los vici- pequeños núcleos rurales abiertos de autosubsistencia–, villaes- villas o mansiones rurales- o grandes civitas -ciudades-; todo esto responde a una serie de transformaciones económicas y a la adopción de modos de vida romanos, que varían en gran medida su ubicación y por lo tanto las características de los yacimientos de la época.

Desde el punto de vista arqueológico, quedan aún muchos yacimientos por salir a la luz, aunque en este momento no podemos indicar ninguno con fiabilidad, salvo casos novedosos en el yacimiento de O Curral (Sandrenzo) o Torta (Agañán). En el caso de las grandes obras infraestructurales podemos señalar trazados de la antigua calzada romana (con matices); pero estamos convencidos que dada la importancia de la zona desde los albores del Neolítico, cuya máxima expresión es el megalitismo, o la densidad de castros existentes, además de la importancia de la zona como vía de paso tanto para comunicarse con la zona oeste del Barbanza, como con la ría de Muros-Noia, a través del pequeño valle natural del Confurco; sólo es cuestión de tiempo que la arqueología nos enseñe los vestigios que se encuentran escondidos bajo los sedimentos del suelo.

Boiro durante la antigüedad.

El reciente descubrimiento de dos yacimientos arqueológicos en el término municipal de Boiro, datados en la Tardo- Antigüedad o Alta Edad Media, pone de relevancia a existencia de un continuo en la ocupación del territorio boirense. La localización de lo que pudieron ser dos vici- pequeños asentamientos rurales abiertos, con una naturaleza fijada en la autosubsistencia productiva- permite llenar un vacío histórico y arqueológico no solamente en la historia en la historia de Boiro, sino que ahonda en el conocimiento de estos momentos oscuros en toda la fachada norte de la ría de Arousa.

En cuanto a las infraestructuras de comunicación que tratan de vertebrar los distintos territorios, en el caso de Boiro se conserva lo que tradicionalmente se considera la calzada romana del Monte Vitres. Las distintas interpretaciones realizadas sobre esta vía consideran que se traza de un tramo de la Calzada que formaría parte de la vía XX o <<per loca marítima>>, variante de la vía XIX pero situada a lo largo de la costa atlántica del noroeste, con una extraordinaria importancia económica, definida por la intensa actividad minera, y el extraordinario papel comercial que permitía que los núcleos costeros estuviesen conectados con los núcleos interiores.

Las referencias a la calzada romana del Monte de Vitres (López Ferreiro) hacen alusión al acuertelamiento de la Legio VII Victrix en el entorno, que se fijaría en la toponimia de la zona como Castelo de Vitres. Otros tramos de esta calzada se pueden ver en Belles de Arriba y Belles de Abaixo.

A pesar de la insuficiencia de datos empíricos en estos momentos, es probable que nos encontremos ante una calzada romana fosilizada o substituida por una calzada medieval medieval. Para esta nueva interpretación nos basamos en los siguientes argumentos::

El “Castelo” de Vitres. Los restos arqueológicos conservados manifiestan que se trata de un asentameinto medieval, así como el topónimo: castelo (castillo). Es posible que el contexto de fundación del “Castelo” de Vitres sea a finales de la Alta Edad Media, momentos que corresponden con una alta inestabilidad y conflictividad política militar con las invasiones normandas, vikingas y sarracenas. En este contexto se adoptan una serie de medidas con el fin de protegerse de estos ataques, y una de ellas es la construcción de una serie de torres con fines de vigilancia, protección y defensa contra los asediadores. Como resultado de estas medidas se construyen las Torres del Oeste en Catoira, las fortificaciones de Pontesampaio o la Lanzada, y posiblemente el “Castelo” de Vitrex, que posee un amplio control visual sobre la ría de Arousa.

En relación con la <> resulta dudoso que la configuración actual sea de origen romana, desde luego puede estar fosilizando una antigua vía, pero en la actualidad parece ser una vía medieval relacionada con el resurgimiento de una economía de mercado, que va a ir acompañada de una reestructuración política y el reestablecimiento de las rutas comerciales durante la segunda mitad del siglo XII, y que se acompaña de una puesta al día de los viejos caminos y puentes. En este contexto, el rei Fernando II crea un nuevo puerto de realengo en Noia sobre 1164 para tratar de liberar al comercio exterior gallego, monopolizado por los arzobispos compostelanos.

Otra vías de comunicación que podemos considerar como una de las más antiguas del municipio, es la actual AC- 305, concretamente en el tramo de Ponte da Brea. Indiscutiblemente, nos encontramos ante un topónimo que hace alusión directa a la red viaria terrestre (Brea, Verea). No sería destacable este tramo de la vía, que quedó consagrado en época antigua, si no se tratase de una vía de comunicación prehistórica, ya que su trazado se encuentra custodiado por un importante conjunto de túmulos megalíticos desde Ponte da Brea hasta Amañecida.

Ocurrirá lo mismo con posterioridad, tanto en época medieval, que se van a utilizar las vías, en algunos casos construidas nuevas y en otros consolidadas sobre antiguos caminos; como en época moderna con la estructuración y ordenación del territorio a través de los caminos reales (Decreto de 1759 de Floridablanca), que posteriormente, a partir de 1865 se convertiría en una carretera propiamente dicha, AC- 305 dentro del proyecto de modernización del viario. De este modo, confirmamos que nos encontramos ante el aprovechamiento de una vía de comunicación desde tiempos inmemorables hasta la actualidad, ya que facilita la comunicación entre los dos márgenes de la ría de Arousa, haciéndolos así transitables.

Este tramo entre Amañecida y Ponte da Brea es además peculiar por encontrarse en su transcurso parte de la corredera francesa que debe su nombre al intento de ocupación francesa en época moderna. Otra de las particularidades del tramo es que en las inmediaciones se alza el camino que va de Bealo, topónimo que puede derivar del término viarium o vialis

 

 

 

La alta Edad Media: Un periodo de oscuridad

Contexto político

Con el declive del imperio romano de Occidente, llegan a la península los grupos germanos: suevos, vándalos y alanos, que atraviesan los Pirineos en el año 409. El reparto que hacen de la península con la venia de Roma, que firma los foedus o pactos de asentamiento (hospitalitas), determina que después de numerosas trifulcas y batallas, sobre el año 411 se asienten los suevos en Gallaecia, comenzando la etapa histórica conocida como Alta Edad Media, que se inaugura con la instauración del reino suevo en la antigua Gallaecia romana.

El escaso número de suevos que llegan hará que acaben diluidos e integrándose con el resto de la población, además cambiará la actividad de la guerra por la del campesinado, ya que gracias a los foedus se van a dedicar a poner en cultivo gran parte del ager publicus que les es asignado por la administración romana. Consecuencia de esta integración será la conversión al cristianismo de los suevos en el año 449, coincidiendo con el reinado de Requiario.

Desde el punto de vista de la estructuración y la ocupación, el territorio va a estar determinado en gran medida por características convulsas de la época (p. ej. Batalla de Órbigo, 456), variando gran parte del sistema administrativo, político y económico de la etapa anterior, que supondrá el declive de las estructuras que facilitaban e impulsaban un comercio a media y larga distancia, causando el declive de los territorios urbanos o protourbanos destinados a actividades del sector secundario (producción alfarera y metalúrgica, actividades relacionadas con el tratamiento y procesado de los bienes alimentarios como panaderías, como la madera y la carpintería, industria textil, artesanado, etc.

La entrada de los pueblos del Norte de Europa, los bárbaros, provoca un declive urbano seguido de una ruralización del hábitat, diluyéndose los grandes aglomerados de la época anterior, con un retroceso de la vida comercial y urbana; iniciándose los pasos cara al feudalismo, con una economía de autosubsistencia, con un fortalecimiento de la nobleza tradicional y de la jerarquía sueva como grandes terratenientes.

Después de los avatares políticos que surgen con los problemas de alianzas entre suevos, francos, bizantinos y visigodos a raíz de las subvenciones y confrontaciones por temas religiosos, acabarán desencadenando que Leovigildo- rey visigodo- invada las tierras gallegas y anexione el reino suevo a la monarquía hispano- visigoda en el año 585.

Desde el punto de vista administrativo se va a configurar una figura que llegará a nuestros días, la “parroquia” como elemento de división administrativa. Esta partición será obra de las influencias romano-bizantinas de Martiño de Dumio que recala en el Galliciense regnum proveniente de Bizancio en el año 550. Esta reforma administrativa se conoce como Parrochiale Suevum o Divisio Theodomiri, que establece la división del territorio de la antigua Gallaecia –aproximadamente- en trece sedes episcopales, subdivididas en diócesis, y éstas a su vez en parroquias. Esta reforma evidencia la importancia de la religión en la administración, conformándose con un papel hegemónico a nivel político-administrativo. Es necesario tener en cuenta la represión que va a tener la nobleza laica, que mantendrá una actitud en rebeldía, ante la que la monarquía hispano-visigoda decidió tomar represalias, adelantándose al sector eclesiástico, el cual verá satisfechas sus aspiraciones de fortalecimiento del poder.

Conforme nos vamos adentrando en la Edad Media, entre los siglos VIII y XI, se van a suceder una serie de episodios que manifiestan la extraordinaria importancia de las vías de comunicación, principalmente las marítimo- fluviales. Estos episodios son los referidos a las segundas vagas de asediadores; normandos y musulmanes recalan en las costas gallegas para llevar a cabo acciones depredadoras.

Los primeros van a ser los musulmanes que aparecen en la historia gallega en el año 714 dentro del impulso expansivo, estableciendo asentamientos en estas altitudes. En el año 740 ya no se conserva constancia de la presencia berebere; no obstante, en el año 997 Almanzor vuelve a asediar Compostela.

Los normandos hacen acto de presencia a partir del año 844, en particular en las zonas costeras, al trasladarse por vías marítimo-fluviales, dada la rapidez, seguridad y volumen de carga del material apresado. Desde estos momentos de mediados del siglo IX va a ser la pesadilla de las zonas del litoral sometidas a asedios y devastaciones constantes, que obligará a una despoblación del litoral y de las riberas de los ríos, navegables en momentos estivales, coincidiendo con la llegada de las razzias de los normandos, obligando a los oriundos del litoral a dirigirse hacia zonas más interiores para evitar el saqueo.

Este tipo de circunstancias obligarán a los gobernantes de la época a tomar medidas, destacando por ejemplo la construcción de las Torres de Oeste por el Obispo Sisnando, con el fin de controlar el acceso por la ruta fluvial del Ulla y garantizar cierta seguridad. En este momento vuelve a tomar gran importancia la vía marítimo-fluvial como arteria de comunicación.

Esta inseguridad latente, va a desencadenar una mayor dependencia feudo-vasallática de la nobleza respecto del pueblo. Le otorga protección militar en favor de una dependencia económica (entrega de propiedades, p.e.), factor que vuelve a transformar el panorama de la ocupación humana sobre el territorio; surgen castillos, fortalezas y pazos de los señores feudales. La situación de estas construcciones va a ser estratégica, atendiendo a los asedios de normandos y sarracenos por vía marítimo-fluvial; o bien en zonas continentales con la finalidad de controlar la tenue frontera con el mundo musulmán en momentos de reconquista.

Con la invasión musulmana de la península en el año 711 y la derrota del reino hispano-visigodo, la estructura político- administrativa va a desaparecer, volviendo a aflorar las formas de organización popular más básicas y tradicionales que son las pervivencias de la época prerromana. En realidad, estas formas apenas fueran modificadas en naturaleza, lo que se había hecho fuera substituirlas desde un punto de vista administrativo, como sucedió con el Parrochiale suevo, que no hizo más que integrar la organización primigenia en una estructura homogénea y organizada. Ahora, en época alto medieval con la desaparición de una estructura supralocal, van a arraigar las competencias propias de estas, en manos del señor (defensa, justicia, impuestos, obras públicas, etc.) configurándoseseñorío jurisdiccional.

Análisis de la ocupación del territorio en la Alta Edad Media.

En estos momentos van a sufrir un importante decaimiento los núcleos costeros que florecerán a raíz de la pesca y el comercio, desplazándose estas poblaciones hacia zonas interiores –como hemos visto- en busca de protección, y generando un momento de esplendor de las explotaciones agrarias en el ámbito rural, apartados de las principales vías de comunicación, desenvolviéndose las actividades en centros muy reducidos con una red de comunicaciones de ámbito local.

El hábitat en este punto se caracteríza por su localización rural, con una gran dispersión centrada en pequeñas unidades de explotación con una economía de autosubsistencia. En estos momentos no existen grandes concentraciones de asentamientos humanos sino núcleos rurales dispersos caracterizados por el autoconsumo, con una producción artesanal y un escaso desenvolvimiento técnico.

Las invasiones van a generar un impacto escaso sobre estos asentamientos, ya que como recogen las fuentes, en ciertas épocas el campesinado rural se ausentaba de la zona litoral retirándose a los montes, fuera de las rutas de las razzias y de la depredación de los invasores. Las zonas litorales que florecerán en cierta medida gracias al comercio marítimo, la pesca y el marisqueo; con la interrupción de las vías de comunicación, gran parte de la población va a asentarse nuevamente en lugares alejados de la costa, en zonas más favorables para las actividades agrarias.

Esta inseguridad persistente desde el siglo VIII al XI, va a condicionar en cierta medida algunas de las características del hábitat, y van a condicionar también el tipo de construcciones que se van a erigir, a partir de estos momentos irán surgiendo por toda la geografía gallega los castillos y fortalezas, como por ejemplo las “Torres do Oeste”, que van a generar cierta dependencia de la nobleza y del clero y que le concederá protección a la plebe a cambio de vasallaje; configurándose de esta manera un de los gestos más representativos del feudalismo, confiriéndole al señor las competencias fiscales, de obras públicas, defensa y justicia.

Las pegadas de la Alta Edad Media en Boiro.

Además de los nuevos yacimientos arqueológicos incorporados recientemente al catálogo municipal como son <> y <>, a los que ya hemos hecho referencia en el apartado anterior, y que podrían pertenecer a ambos períodos, a la Antigüedad tardía o a los primeros siglos de la Edad Media; o incluso estar hablando de una pervivencia alargada entre ambos momentos; en la actualidad con los datos de los que disponemos no podemos concretar con mayor detalle.

En el caso de << O Curral>> parece probable que el topónimo esté indicando un asentamiento de dedicación agro- ganadera, caracterizado por la autosubsistencia en la producción de bienes de consumo. Además su enclave extramuros del Castro de Sandrenzo, podría indicar un asentamiento postcastrexo de larga pervivencia, ya que hay que tener en cuenta que en esta zona se tiene documentada toda la secuencia cronocultural desde época neolítica hasta la actualidad, que sigue siendo un importante núcleo residencial.

En concreto, este yacimiento forma parte de la clasificación de yacimientos no monumentales o invisibles, es decir aquellos que por sus características a penas dejan evidencias en el territorio, lo que no implica que dejen de ser importantes, ya que podemos considerarlo, a día de hoy, como único en la zona, y por lo tanto con un alto potencial informativo, ya que además pertenece a un momento en el que las fuentes escritas son escasas y como resultado de todo esto (escasas fuentes escritas y vacío arqueológico) hacen que el yacimiento sea excepcional.

As evidencias exhumadas a raíz del movimiento de tierras llevado a cabo en la zona pone de manifiesto la existencia de varias estructuras arqueológicas (muros) y numerosos  derrubes sin olvidar los abundosos restos de cultura material, tanto constructiva  (Tégulas)como de consumo y almacenamiento (ollas de almacenaje y recipientes de cocción y consumo).

Este tipo de yacimientos aportarán valiosos datos para escribir nuevas páginas en la oscura historia tardoantigua y alto medieval gallega, y por lo tanto también de la historia boirense.

Otra de las manifestaciones presentes en la zona que podemos datar su momento fundacional en este instante de la Alta Edad Media, es la división administrativa en parroquias que fija sus raíces en el reino suevo, y que perdura hasta la actualidad, y que podemos clasificarlas como parte del patrimonio inmaterial.

En Boiro contamos con ocho parroquias: San Cristóbal de Abanqueiro, San Ramón de Bealo, San Vicente de Cespón, San Juan de Macenda, Santa Baia de Boiro, Santa María del Castro, Santiago de Lampón, San Andrés de Cures. Cada una de las cuales, dispone de un conjunto monumental impresionante y único, del que dan fe las distintas iglesias, iglesiarios y casas rectorales.

Otra de las evidencias de la Alta Edad Media en territorios boirense se encuentra en las inmediaciones del núcleo de Abanqueiro, donde se conserva un sepulcro antropoide que dadas las características que presenta podría ser más antiguo que la propia fundación del templo de San Cristóbal de Abanqueiro, que se estima durante el siglo XIII.

 
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