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El Neolítico: Megalitismo

Sobre el 8000 a.C. se produce un cambio climático, las temperaturas se vuelven más cálidas, y los grupos de animales retroceden hacia el Norte. Como consecuencia la caza escasea, lo que obliga a cambiar las costumbres: surge el Neolítico.

El Neolítico supone la conversión de una economía de subsistencia (Paleolítico) en una de producción con base ganadera apoyada en el cultivo del cereal. Estas modificaciones en el sistema de producción obligan a un mayor sedentarismo de la población y a ciertas transformaciones sociales.

El establecimiento de la ganadería como base de subsistencia de los grupos neolíticos hizo que se desenvolviese la trashumancia; ésta provoca el desplazamiento puntual de individuos a lo largo del territorio, generándose un importante canal de información y transferencia de conocimientos; ya que en el transcurso de la trashumancia entrarán en contactos frecuentes con distintos grupos sociales, con diferentes culturas, este factor originará la difusión y adaptación de nuevas técnicas; como por ejemplo, el empleo, en el ámbito doméstico, de plantas o agricultura, la fabricación de nuevos utensilios con piedra pulida o el desarrollo de la alfarería.

Una de las innovaciones más interesantes es la alfarería, que permitirá la construcción de recipientes para el almacenamiento y transporte de diferentes productos (agua, semillas, grano, etc.). Además permitirá mejorar la elaboración de productos y alimentos; ya que la alfarería, a diferencia de la cestería o de los odres, se puede exponer al fuego.

Otra de las novedades del Neolítico va a ser la transformación que sufre el culto a los muertos, desenvolviéndose una nueva manifestación cultural: el Megalitismo.

El término Megalitismo procede de las palabras griegas mega (μεγας), grande y lithos (λιθος), piedra. Aunque en sentido literal podemos encontrar construcciones megalíticas en todo el mundo, desde Japón hasta los gigantes de la Isla de Pascua; se denomina Megalitismo al fenómeno cultural localizado en el Mediterráneo occidental y en la Europa atlántica, que se desarrolla desde finales del Neolítico hasta la Edad de Bronce, caracterizado por la realización de construcciones arquitectónicas con grandes bloques de piedras, llamados megalitos.

En el ayuntamiento de Boiro se encuentra una de las concentraciones más significativas de monumentos megalíticos de la Comarca, existiendo escasos paralelos en el resto de Galicia. El Megalitismo es la manifestación cultural más antigua que conocemos en el Barbanza. Cronológicamente, se desarrolla desde mediados del V milenio hasta finales del III milenio antes de Cristo; momento en el que se construyen numerosos túmulos o mámoas en toda la Comarca, destacando por sus características la necrópolis (conjunto tumular) de Chans do Barbanza.

La alta concentración de monumentos funerarios (túmulos, mámoas, sepulcros megalíticos, antas, arcas, casotas, etc.), nos hacen suponer que se trató de un espacio intensamente ocupado y explotado. Estas comunidades van a ser las primeras sociedades productoras; es decir, no van a ser depredadoras (caza, recolección, etc.) como en épocas precedentes.

Estos grupos megalíticos van a practicar una ganadería extensiva, muy parecida a la que podemos apreciar en la actualidad, con animales en régimen de libertad o semilibertad; además se van a poner en cultivo los primeros campos, practicando una agricultura extensiva, modificando el medio en el cual se desenvuelven, con la producción de cereal (trigo y cebada, principalmente) y la recolección de diversos productos (bellotas, avellanas, etc.); al mismo tiempo también practicaban actividades como la caza o la explotación de recursos marítimo- fluviales (pesca y marisqueo).

Dadas las características del sistema de producción, principalmente relacionadas con la agricultura y ganadería extensivas, con la apertura de los campos de cultivo en busca de zonas con alta rentabilidad, se van a ver obligados a cambiar episódicamente de zona, lo que se traduce en asentamientos seminómadas, con la producción de cabañas levantadas con materiales perecederos (hechas con palos, ramas, pieles, etc.) que no han llegado hasta nosotros como tal, pero que podemos rastrear si analizamos las evidencias que dejaron sobre el suelo en forma de agujeros de poste, fosas, zanjas, etc.

Las construcciones funerarias, de las cuales existen numerosas representaciones de las distintas fases del Megalitismo en Chans do Barbanza, son zonas de enterramiento, además de formar parte de espacios delimitadores o de apropiaciones de espacio; es decir, al mismo tiempo que enterraban a sus muertos, las construcciones megalíticas eran identificadores de pertenencia a un grupo social determinado, atribuyéndosele el uso exclusivo del entorno en el cual se asentaba la construcción megalítica.

El Megalitismo es una manifestación cultural que dura entorno a 2000- 2500 años; pero no va a permanecer estable, va a ir evolucionando. Inicialmente, se van a construir grandes cámaras funerarias, con materiales majestuosos debido a sus dimensiones, como por ejemplo Outeiriño Redondo; con posterioridad, se va a construir una infraestructura de acceso o corredor que permita acceder directamente a la cámara funeraria, que dará lugar a túmulos como la Casota do Páramo que sería la primera fase de los túmulos con corredor, para posteriormente aparecer túmulos como la Arca do Barbanza. Ya en la fase final, se van a construir túmulos tipo cistas, en este momento pierden la infraestructura de acceso (corredor) y se convierten en elementos con escasa monumentalidad, que apenas destacan en el paisaje. Una de las explicaciones más plausibles que se ha dado sobre esta última fase del Megalitismo, acerca de la escasa monumentalidad de los elementos, es la que hace referencia a que en este momento las zonas de enterramiento ya no coexisten con las de producción, por lo que el papel de la apropiación del espacio, que se le atribuía a estas manifestaciones culturales, deja de tener importancia; a estas sociedades productoras no les va a interesar apropiarse de una zona degradada o con rendimientos escasos, pero seguirán enterrando como sus ancestros.

Los principales ejemplares que coronan el Barbanza en el Ayuntamiento de Boiro son: Casota do Páramo, Armadoiro, Pedra da Xesta, Cavada Primera y Segunda, Casarota do Fusiño y la citada Arca do Barbanza.

Boiro cuenta con otra de las necrópolis megalíticas más interesantes del Barbanza, nos referimos a la necrópolis de Amañecida (Cespón) que delimita una de las zonas de paso natural entre las Rías Bajas y la península del Barbanza. Está formada por un total de nueve túmulos de impresionantes dimensiones, aunque la mayoría se encuentran en un estado de conservación regular-malo. Fray Martín Sarmiento ya había destacado su hermosura e importancia en su libro Viaje a Galicia.

Casota do páramo

Se ubica en Chans do Barbanza, en el lugar de Graña, parroquia de Cures. Se trata de un dolmen con cámara poligonal y corredor. Formada por siete antas (piedra larga hincada verticalmente en la tierra) y con la losa de cubierta partida. Mide 3,40 m. por 3,50 m. Del corredor únicamente se conserva la cubierta y una de las losas. Su estado de conservación es regular, ya que se encuentra parcialmente destruida.

Casarota do fusiño

Pertenece a la parroquia de Santiago de Lampón. Este dolmen, destruido por el paso del tiempo, principalmente por las actividades furtivas de los buscadores de tesoros y ultrajado por los canteros, se encuentra en el lugar de Outeiro do Curro; topónimo que hace referencia a la celebración en este lugar de curros con caballos del Barbanza.

Se puede descubrir con facilidad su cámara, ya que conserva la configuración original con siete antas, con una planta poligonal pero con tendencia circular. La losa de cubierta se apoya donde comienza el corredor, del que se pueden distinguir dos antas y la cubierta.

Arca do Barbanza

Administrativamente pertenece a la parroquia de Cures. Su localización coincide con el espacio central de a Sierra del Barbanza. Se localiza a los pies del nacimiento del río Barbanza. Su emplazamiento resulta atípico, ya que los creadores de estas arquitecturas buscaban siempre zonas con amplia dominación social, situadas preferentemente en penillanuras en las zonas de cima. Dadas las características morfológicas que presenta, está considerado el monumento megalítico más grande del Barbanza, y posiblemente sea uno de los de mayores dimensiones de Galicia, con 6.60 m. de longitud, de los cuales 3 m. se aprovechan para el corredor. La cámara de forma poligonal, conserva seis antas, aunque falta la de la cabecera. La cubierta se encuentra ligeramente desplazada, y se estima que pesa 7 toneladas. El corredor, de dos tramos y forma triangular, conserva cuatro losas y dos de cubierta; además se puede apreciar restos de coraza del túmulo.

El paso del tiempo dejó su pegada en la construcción funeraria, ya fuesen los aficionados en busca de tesoros, o por mostrarse como el lugar idóneo para albergar madrigueras de alimañas. Las investigaciones arqueológicas han incidido sobre estas manifestaciones, a principios de la década de 1980 cuando jóvenes investigadores de la Universidad de Santiago de Compostela recalan en la Sierra del Barbanza para investigar. Esta actuación llevada a cabo en años sucesivos arrojó mucha luz sobre el Megalitismo del Noroeste peninsular, y en concreto del Megalitismo del Barbanza.

 

 

 
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