Historia

Índice del artículo

 

La alta Edad del Cobre y del Bronce: Los Petroglifos

Contexto

A finales del III milenio antes del cambio de era, sobre el 2200 a. C. se produce una innovación tecnológica, el descubrimiento de la metalurgia, de la transformación de los minerales y metales. Inicialmente, se comienza dominando las técnicas mineras y metalúrgicas del cobre, para a continuación desenvolver la tecnología del bronce, y posteriormente la del hierro (esta última durante la cultura castreña).

La actividad minero-metalúrgica hará que se intensifiquen las relaciones comerciales y el intercambio económico. Estos hechos se derivan directamente de la demanda mediterránea de materias primas, que redundará en el NW peninsular por su riqueza de yacimientos estanníferos. Debido a causas como la actividad minero-metalúrgica se van a producir cambios socioeconómicos a lo largo del II milenio B. C., ya que determinados grupos se harán con el control de las redes de intercambio metalífero, y por lo tanto comienza una incipiente diferenciación social; debido a este factor será frecuente la existencia de ajuares metálicos formados por elementos de prestigio y ostentación, como son las armas (puñales, puntas de flecha –tipo Palmela- brazales de arquero) o determinados adornos hechos con materiales y técnicas de orfebrería.

La importancia de los metales viene determinada por una mayor eficacia en la producción, ya que se diseñan utensilios que facilitan las labores, como por ejemplo las hachas metalúrgicas. Paulatinamente, se intensifica la producción de recursos, tanto agrarios como pastorales o ganaderos; y la especialización en la elaboración de productos derivados (p. ej. leche) y el empleo de animales como medios de tracción y transporte. Paralelamente, se suceden una serie de cambios en las especies de cultivo (trigo, cebada y productos hortícolas) al verse incrementadas con la presencia de leguminosas, como las habas, la lenteja o los guisantes. En estos momentos se produce un afianzamiento de la economía productora, hecho que contribuirá a un incremento demográfico, y por lo tanto a cierta presión sobre el territorio para la explotación del mismo.

Desde el punto de vista de la ocupación del territorio, estas comunidades van a cambiar las zonas de asentamiento y las áreas de explotación de recursos; ya que hay que tener en cuenta las limitaciones de las zonas ocupadas en la época precedente y que se corresponden con zonas agotadas a raíz del sistema de explotación utilizado (sistema de rozas).

Las zonas de hábitat se desplazan hacia tierras bajas, llanuras y valles; estableciendo el control sobre ciertas áreas estratégicas, como son las zonas de tránsito o portillos, o bien espacios ricos en recursos agropecuarios; además de cierta dependencia o preferencia por zonas con proximidad de recursos de agua.

 El asentamiento se caracteriza por la precariedad constructiva; cabañas levantas con materiales perecederos, sin preocuparse, en general, por aspectos defensivos.

Las evidencias arqueológicas que generaron estas sociedades en la edad de los metales (cobre e bronce) pueden distinguirse en:

  • Espacios domésticos o habitacionales.
  • Manifestaciones rituales, simbólicas u funerarias.

Los espacios domésticos o habitacionales pertenecen a lo que los investigadores definen como arqueología invisible, dadas las características que presenta a nivel constructivo y de acondicionamiento del espacio, sólo es posible identificarla mediante prospecciones intensivas o mediante la remoción de tierras sometidas a controles arqueológicos, como a los que se someten las obras públicas.

Las evidencias estructurales de estas ocupaciones humanas llegan a nosotros mediante agujeros de poste, fosas, zanjas, silos u hogares escavadas en el subsuelo; elementos, muchos de ellos, funcionales. Este tipo constructivo con una arquitecturización que podemos cualificar como precaria, realizada a base de ramas de troncos de vegetación arbustiva o arbórea, sugiere una corta sedentarización de la población, posiblemente relacionada con la explotación de recursos estacionales.

En cuanto a la esfera ritual, simbólica o funeraria podemos diferenciar dos realidades distintas: el ámbito mortuorio y el arte rupestre.

El ámbito mortuorio se caracteriza por reflejar un panorama muy complejo: existe una pervivencia limitada del megalitismo con el empleo ocasional de espacios tumulares; se desenvuelven nuevas estructuras tumulares como las cistas o cairns –estructuras pétreas cavadas en el suelo de pequeñas dimensiones-, construcción de fosas de enterramiento; e incluso la posibilidad de inmersión de cadáveres en el agua que daría lugar al hallazgo de acubillos. En cuanto al tratamiento del cadáver, también parecen coexistir distintos tipos de estrategias, desde la cremación a la inhumación, teniendo en cuenta actividades como la descamación y el desmembramiento de los cadáveres.

Otra de las manifestaciones culturales que desenvuelven estas sociedades, y que ha llegado hasta nuestros días en distintos grados de conservación, es el arte rupestre o los petroglifos.

 

El arte rupestre: los petroglifos en Boiro.

Es otra de las manifestaciones culturales prehistóricas que han dejado huella en las tierras de Boiro, se trata de gravados realizados en la roca al aire libre. Los motivos representados son muy variados, podemos diferenciar entre figurativos o naturalistas, y abstractos o geométricos.

Las representaciones figurativas o naturalistas son aquellas en las que podemos intuir su significado o conocer la realidad que nos tratan de mostrar; es decir, podemos descifrar un ciervo, un antropomorfo- representación humana o divinidades-, una cabra, un caballo, etc. Los abstractos hacen alusión a las realidades que no logramos descifrar con seguridad; las interpretaciones son muy variadas y dependen en gran medida de cada uno de los investigadores que abarquen el tema. Algunas de las explicaciones aportadas inciden en que se trata de representaciones entópticas (resultado del consumo de narcóticos y psicóticos), planos de situación (localización de zonas de pasto o relacionadas con zonas de explotación de estaño), espacios simbólicos o rituales, etc.

La particularidad de este tipo de vestigios arqueológicos hace muy difícil, además de su interpretación, determinar su cronología. Las últimas investigaciones apuestan por una cronología amplia, estableciendo el máximo apogeo de la misma desde el III milenio hasta mediados del II milenio antes del cambio de era, aunque es posible encontrar paradas con anterioridad o también con posterioridad.

Estas manifestaciones artísticas se encuentran en el seno de unas comunidades agro-pastoriles que incorporan innovaciones tecnológicas y agronómicas, lo que les permite una intensificación agrícola y ganadera, que incorporan nuevos utensilios que se podrán utilizar para intensificar la producción agraria y agro-pastoril. En este momentos se produce un afianzamiento de la economía productora, que facilitará el incremento demográfico. Este tipo de cambios van a ir asociados a otros, como una rivalidad intergrupal por la apropiación de los espacios dedicados a la explotación de recursos; esta conflictividad es el resultado de definir derechos exclusivos sobre áreas importantes en recursos (pasto, campos de cultivo de alta rentabilidad, caza, etc.).

Las últimas investigaciones que se han llevado a cabo en la Comarca, ponen de manifiesto que se trata de una de las zonas con mayor presencia de este tipo de manifestaciones. En el caso concreto del ayuntamiento de Boiro, destacan los petroglifos de Cubeliño, próximos al lugar de Quinteiro, en la parroquia de San Vicente de Cespón. En múltiples ocasiones a lo largo de la historia se ha hecho alusión a su presencia, destacando la aportación de Castelao en su estudio sobre las cruces de Galicia.

La piedra gravada se dispone con una cierta inclinación, lo que facilita la comprensión del conjunto representado, haciendo que la roca sea partícipe del paisaje representado, que da la impresión de que se trata del suelo sobre el que deambulan los ciervos.

Otros conjuntos de gravados del arte rupestre son los situados en Vitres, Macenda, Confurco, Agüeiros, o los petroglifos de Chan dos Reis o de Pedra da Bouza, también son destacables los de Bealo, amplio conjunto con múltiples representaciones cerca de la capilla de San Ramón de Bealo.

 

 
|