Historia

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La alta Edad Media: Un periodo de oscuridad

Contexto político

Con el declive del imperio romano de Occidente, llegan a la península los grupos germanos: suevos, vándalos y alanos, que atraviesan los Pirineos en el año 409. El reparto que hacen de la península con la venia de Roma, que firma los foedus o pactos de asentamiento (hospitalitas), determina que después de numerosas trifulcas y batallas, sobre el año 411 se asienten los suevos en Gallaecia, comenzando la etapa histórica conocida como Alta Edad Media, que se inaugura con la instauración del reino suevo en la antigua Gallaecia romana.

El escaso número de suevos que llegan hará que acaben diluidos e integrándose con el resto de la población, además cambiará la actividad de la guerra por la del campesinado, ya que gracias a los foedus se van a dedicar a poner en cultivo gran parte del ager publicus que les es asignado por la administración romana. Consecuencia de esta integración será la conversión al cristianismo de los suevos en el año 449, coincidiendo con el reinado de Requiario.

Desde el punto de vista de la estructuración y la ocupación, el territorio va a estar determinado en gran medida por características convulsas de la época (p. ej. Batalla de Órbigo, 456), variando gran parte del sistema administrativo, político y económico de la etapa anterior, que supondrá el declive de las estructuras que facilitaban e impulsaban un comercio a media y larga distancia, causando el declive de los territorios urbanos o protourbanos destinados a actividades del sector secundario (producción alfarera y metalúrgica, actividades relacionadas con el tratamiento y procesado de los bienes alimentarios como panaderías, como la madera y la carpintería, industria textil, artesanado, etc.

La entrada de los pueblos del Norte de Europa, los bárbaros, provoca un declive urbano seguido de una ruralización del hábitat, diluyéndose los grandes aglomerados de la época anterior, con un retroceso de la vida comercial y urbana; iniciándose los pasos cara al feudalismo, con una economía de autosubsistencia, con un fortalecimiento de la nobleza tradicional y de la jerarquía sueva como grandes terratenientes.

Después de los avatares políticos que surgen con los problemas de alianzas entre suevos, francos, bizantinos y visigodos a raíz de las subvenciones y confrontaciones por temas religiosos, acabarán desencadenando que Leovigildo- rey visigodo- invada las tierras gallegas y anexione el reino suevo a la monarquía hispano- visigoda en el año 585.

Desde el punto de vista administrativo se va a configurar una figura que llegará a nuestros días, la “parroquia” como elemento de división administrativa. Esta partición será obra de las influencias romano-bizantinas de Martiño de Dumio que recala en el Galliciense regnum proveniente de Bizancio en el año 550. Esta reforma administrativa se conoce como Parrochiale Suevum o Divisio Theodomiri, que establece la división del territorio de la antigua Gallaecia –aproximadamente- en trece sedes episcopales, subdivididas en diócesis, y éstas a su vez en parroquias. Esta reforma evidencia la importancia de la religión en la administración, conformándose con un papel hegemónico a nivel político-administrativo. Es necesario tener en cuenta la represión que va a tener la nobleza laica, que mantendrá una actitud en rebeldía, ante la que la monarquía hispano-visigoda decidió tomar represalias, adelantándose al sector eclesiástico, el cual verá satisfechas sus aspiraciones de fortalecimiento del poder.

Conforme nos vamos adentrando en la Edad Media, entre los siglos VIII y XI, se van a suceder una serie de episodios que manifiestan la extraordinaria importancia de las vías de comunicación, principalmente las marítimo- fluviales. Estos episodios son los referidos a las segundas vagas de asediadores; normandos y musulmanes recalan en las costas gallegas para llevar a cabo acciones depredadoras.

Los primeros van a ser los musulmanes que aparecen en la historia gallega en el año 714 dentro del impulso expansivo, estableciendo asentamientos en estas altitudes. En el año 740 ya no se conserva constancia de la presencia berebere; no obstante, en el año 997 Almanzor vuelve a asediar Compostela.

Los normandos hacen acto de presencia a partir del año 844, en particular en las zonas costeras, al trasladarse por vías marítimo-fluviales, dada la rapidez, seguridad y volumen de carga del material apresado. Desde estos momentos de mediados del siglo IX va a ser la pesadilla de las zonas del litoral sometidas a asedios y devastaciones constantes, que obligará a una despoblación del litoral y de las riberas de los ríos, navegables en momentos estivales, coincidiendo con la llegada de las razzias de los normandos, obligando a los oriundos del litoral a dirigirse hacia zonas más interiores para evitar el saqueo.

Este tipo de circunstancias obligarán a los gobernantes de la época a tomar medidas, destacando por ejemplo la construcción de las Torres de Oeste por el Obispo Sisnando, con el fin de controlar el acceso por la ruta fluvial del Ulla y garantizar cierta seguridad. En este momento vuelve a tomar gran importancia la vía marítimo-fluvial como arteria de comunicación.

Esta inseguridad latente, va a desencadenar una mayor dependencia feudo-vasallática de la nobleza respecto del pueblo. Le otorga protección militar en favor de una dependencia económica (entrega de propiedades, p.e.), factor que vuelve a transformar el panorama de la ocupación humana sobre el territorio; surgen castillos, fortalezas y pazos de los señores feudales. La situación de estas construcciones va a ser estratégica, atendiendo a los asedios de normandos y sarracenos por vía marítimo-fluvial; o bien en zonas continentales con la finalidad de controlar la tenue frontera con el mundo musulmán en momentos de reconquista.

Con la invasión musulmana de la península en el año 711 y la derrota del reino hispano-visigodo, la estructura político- administrativa va a desaparecer, volviendo a aflorar las formas de organización popular más básicas y tradicionales que son las pervivencias de la época prerromana. En realidad, estas formas apenas fueran modificadas en naturaleza, lo que se había hecho fuera substituirlas desde un punto de vista administrativo, como sucedió con el Parrochiale suevo, que no hizo más que integrar la organización primigenia en una estructura homogénea y organizada. Ahora, en época alto medieval con la desaparición de una estructura supralocal, van a arraigar las competencias propias de estas, en manos del señor (defensa, justicia, impuestos, obras públicas, etc.) configurándoseseñorío jurisdiccional.

Análisis de la ocupación del territorio en la Alta Edad Media.

En estos momentos van a sufrir un importante decaimiento los núcleos costeros que florecerán a raíz de la pesca y el comercio, desplazándose estas poblaciones hacia zonas interiores –como hemos visto- en busca de protección, y generando un momento de esplendor de las explotaciones agrarias en el ámbito rural, apartados de las principales vías de comunicación, desenvolviéndose las actividades en centros muy reducidos con una red de comunicaciones de ámbito local.

El hábitat en este punto se caracteríza por su localización rural, con una gran dispersión centrada en pequeñas unidades de explotación con una economía de autosubsistencia. En estos momentos no existen grandes concentraciones de asentamientos humanos sino núcleos rurales dispersos caracterizados por el autoconsumo, con una producción artesanal y un escaso desenvolvimiento técnico.

Las invasiones van a generar un impacto escaso sobre estos asentamientos, ya que como recogen las fuentes, en ciertas épocas el campesinado rural se ausentaba de la zona litoral retirándose a los montes, fuera de las rutas de las razzias y de la depredación de los invasores. Las zonas litorales que florecerán en cierta medida gracias al comercio marítimo, la pesca y el marisqueo; con la interrupción de las vías de comunicación, gran parte de la población va a asentarse nuevamente en lugares alejados de la costa, en zonas más favorables para las actividades agrarias.

Esta inseguridad persistente desde el siglo VIII al XI, va a condicionar en cierta medida algunas de las características del hábitat, y van a condicionar también el tipo de construcciones que se van a erigir, a partir de estos momentos irán surgiendo por toda la geografía gallega los castillos y fortalezas, como por ejemplo las “Torres do Oeste”, que van a generar cierta dependencia de la nobleza y del clero y que le concederá protección a la plebe a cambio de vasallaje; configurándose de esta manera un de los gestos más representativos del feudalismo, confiriéndole al señor las competencias fiscales, de obras públicas, defensa y justicia.

Las pegadas de la Alta Edad Media en Boiro.

Además de los nuevos yacimientos arqueológicos incorporados recientemente al catálogo municipal como son <> y <>, a los que ya hemos hecho referencia en el apartado anterior, y que podrían pertenecer a ambos períodos, a la Antigüedad tardía o a los primeros siglos de la Edad Media; o incluso estar hablando de una pervivencia alargada entre ambos momentos; en la actualidad con los datos de los que disponemos no podemos concretar con mayor detalle.

En el caso de << O Curral>> parece probable que el topónimo esté indicando un asentamiento de dedicación agro- ganadera, caracterizado por la autosubsistencia en la producción de bienes de consumo. Además su enclave extramuros del Castro de Sandrenzo, podría indicar un asentamiento postcastrexo de larga pervivencia, ya que hay que tener en cuenta que en esta zona se tiene documentada toda la secuencia cronocultural desde época neolítica hasta la actualidad, que sigue siendo un importante núcleo residencial.

En concreto, este yacimiento forma parte de la clasificación de yacimientos no monumentales o invisibles, es decir aquellos que por sus características a penas dejan evidencias en el territorio, lo que no implica que dejen de ser importantes, ya que podemos considerarlo, a día de hoy, como único en la zona, y por lo tanto con un alto potencial informativo, ya que además pertenece a un momento en el que las fuentes escritas son escasas y como resultado de todo esto (escasas fuentes escritas y vacío arqueológico) hacen que el yacimiento sea excepcional.

As evidencias exhumadas a raíz del movimiento de tierras llevado a cabo en la zona pone de manifiesto la existencia de varias estructuras arqueológicas (muros) y numerosos  derrubes sin olvidar los abundosos restos de cultura material, tanto constructiva  (Tégulas)como de consumo y almacenamiento (ollas de almacenaje y recipientes de cocción y consumo).

Este tipo de yacimientos aportarán valiosos datos para escribir nuevas páginas en la oscura historia tardoantigua y alto medieval gallega, y por lo tanto también de la historia boirense.

Otra de las manifestaciones presentes en la zona que podemos datar su momento fundacional en este instante de la Alta Edad Media, es la división administrativa en parroquias que fija sus raíces en el reino suevo, y que perdura hasta la actualidad, y que podemos clasificarlas como parte del patrimonio inmaterial.

En Boiro contamos con ocho parroquias: San Cristóbal de Abanqueiro, San Ramón de Bealo, San Vicente de Cespón, San Juan de Macenda, Santa Baia de Boiro, Santa María del Castro, Santiago de Lampón, San Andrés de Cures. Cada una de las cuales, dispone de un conjunto monumental impresionante y único, del que dan fe las distintas iglesias, iglesiarios y casas rectorales.

Otra de las evidencias de la Alta Edad Media en territorios boirense se encuentra en las inmediaciones del núcleo de Abanqueiro, donde se conserva un sepulcro antropoide que dadas las características que presenta podría ser más antiguo que la propia fundación del templo de San Cristóbal de Abanqueiro, que se estima durante el siglo XIII.

 
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